Cuando meto en él mi
teléfono móvil soy capaz de hacer cosas inverosímiles si no lo bloqueo, desde hackear la base de
datos del Pentágono hasta programar las coordenadas de lanzamiento de la
próxima incursión espacial de la NASA. Para
ser justos, no soy yo: lo hace él. Yo no, qué más quisiera. No lo puedo controlar. Más o menos como los
duendecillos nocturnos de aquel cuento.
Los bolsillos tienen la capacidad de enredar un cable (con especial predilección por los cables de
auriculares y cargadores de móvil) hasta enmarañar
un nudo gordiano. Pero no sólo tienen debilidad por hacer calceta con los cables eléctricos: también juegan a crear el
caos (como en aquella mítica película ‘Juegos de Guerra’… mi bolsillo es capaz de convertir mi teléfono
en una suerte de Skynet, y si no, al
tiempo) a través de las infinitas posibilidades que te brinda un móvil de
capacidad sencilla con una pantalla táctil desprotegida y una quizá demasiado
rápida velocidad de navegación.
Favorece a los propósitos del avieso aparatejo el hecho de que una sola función, un solo desliz o un solo botón, pueda desencadenar tantas respuestas, tantas opciones y por todo ello, ¡¡tanto daño!!
Deberían estudiarse las peligrosas y catastróficas
consecuencias que puede desencadenarse a través de la malévola y diabólica alianza
entre el bolsillo de mi pantalón y mi teléfono. Si llega a saberse usar ese potencial… ¿Qué tal si se experimenta con ordenadores o tabletas gráficas metidas en un saco o un bolsillo
gigante…?Favorece a los propósitos del avieso aparatejo el hecho de que una sola función, un solo desliz o un solo botón, pueda desencadenar tantas respuestas, tantas opciones y por todo ello, ¡¡tanto daño!!
Las aleaciones Smartphone desprotegido/bolsillo juguetón son
un arma en potencia que pueden
provocar el fin de una civilización tal y como la conocemos. Como mezclar ácido
nítrico, ácido sulfúrico y glicerina. La sal y el café. Belén Esteban y Chanel
10.
Creerán que soy un exagerado. Posiblemente es sólo una
cuestión de probabilidad.
Que los móviles no son malos por naturaleza, como aquel ‘buen salvaje’ de Rousseau.
Pero seguro que mi bolsillo es capaz de activar el idioma predictivo, mandar un SMS , descargar una nueva aplicación y hasta pedir una pizza antes que pasarme el puñetero Candy Crush sin que lo toque un solo dedo.
Que los móviles no son malos por naturaleza, como aquel ‘buen salvaje’ de Rousseau.
Pero seguro que mi bolsillo es capaz de activar el idioma predictivo, mandar un SMS , descargar una nueva aplicación y hasta pedir una pizza antes que pasarme el puñetero Candy Crush sin que lo toque un solo dedo.

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